Carta de un compañero de Melilla

Melilla a 3 de Septiembre del año 2012.

Lo que no se ve no se sabe. Luces y sombras en la valla de Melilla. Melilla vive la crisis migratoria con una normalidad forzada. Existe en Melilla un apagón informativo en este sentido, y es que sólo la postura oficial es la que recogen los medios de comunicación subvencionados por el gobierno de la Ciudad Autónoma. Y si alguien se sale de la línea editorial oficial, se le quema en la hoguera, ¿cómo? con escritos demagógicos y difamatorios publicados en dichos medios. Se prepara a la opinión pública, se señala al que se atreve a denunciar la situación tachándole de embustero, preparando el terreno para un linchamiento mediático, de modo que si en el futuro se vuelve a atrever a denunciar la situación que se agrava de forma progresiva, quede desacreditado.

Si tratas de amplificar la voz de los que no la tienen, eres peligroso, y si tratas de ser testigo y dar luz a una valla que vive a espaldas de Melilla, y por supuesto de España, y de una sociedad europea que se avergonzaría ante la misma, entonces eres más que peligroso, eres una amenaza porque posiblemente si trascendiese lo que sucede en la valla, sería un problema ético, legal y moral de primer orden, y demasiados problemas de ese tipo tienen ya nuestros gobernantes, ¿no?. Si la Guerra de Vietnam no hubiera tenido testigos gráficos y audiovisuales, posiblemente no hubiera tenido tantos detractores. Actualmente en la valla se vigila a los inmigrantes, de un lado, y a los activistas por los derechos humanos de otro, para que no pueda haber testigos, para que no pueda quedar constancia de lo que allí sucede, y se emplean a fondo para ello, cortando calles, y vigilando a quienes se acercan al perímetro. Para grabar en la valla se pide un permiso, que se facilita o no según las circunstancias y bajo supervisión escudándose en que es zona fronteriza y no se puede fotografiar por seguridad nacional.
España vuelve a ser “el centinela de occidente”, frena la entrada de los inmigrantes para que los países poderosos de la Unión Europea no se vean afectados por la misma. Y es que muchos de estos inmigrantes, no nos engañemos, no quieren venir a España, ni mucho menos a Melilla. La mayoría son del África Negra, donde se habla francés e inglés, por lo que quedarse en España tendría la dificultad añadida del idioma. La inmigración la regula la oferta y demanda del mercado, y en estos momentos aquí no hay trabajo por lo que muchos optan por atravesar nuestro país, del mismo modo que parte de los españoles nos vemos obligados a buscar empleo fuera de nuestras fronteras. Por tanto no solo estamos guardando nuestras fronteras, se las estamos cuidando a nuestros vecinos ricos.

La valla es un elemento de represión en sí mismo, la violencia que ejerce sobre los inmigrantes que tratan de traspasarla es tanto directa: alambres de espino con cuchillas afiladas enormemente lesivas, una sirga tridimensional con un entramado de cables tensados que se encuentra el supuesto enemigo tras una caída libre de 6 metros de altura, gas pimienta, focos de luz intermitente pensados para cegar y aturdir, y tres verjas, una detrás de otra, siendo la mayor de ellas de 6 m. de altura; como de forma indirecta: militares armados en puestos cada cien o cincuenta metros aproximadamente en el lado marroquí, pero también hay efectivos en el lado español de la Guardia Civil que desde los torreones de vigilancia y los Patrol 4×4 controlan la frontera. A todos estos efectivos hay que sumar las cámaras de vigilancia, algunos aparatos como detectores de calor, cámaras de visión nocturna y el helicóptero de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que sobrevuela la valla con sus potentes focos. Este elemento arquitectónico no es más que una muralla futurista, una muralla del medievo, pero adaptada a los tiempos modernos. “Los inmigrantes entran pegando cuando saltan la valla” aseguraba Juan José Imbroda (senador, presidente y alcalde de la Ciudad Autónoma de Melilla) del Partido Popular. Algo que venían haciendo desde hacía ya algunos meses los políticos marroquíes con el apoyo de los medios de comunicación alauitas, la criminalización sistemática de los inmigrantes que tratan de salvar el obstáculo artificial para migrar empujados por situaciones límite. Da la impresión de que se está intentando crear un estado de nerviosismo y apatía hacia los inmigrantes, poco a poco de forma sutil, se nos intenta transmitir una idea: “ya no es suficiente con los métodos tradicionales, son peligrosos, no hay que tener piedad”.
De este modo se desacredita, se deshumaniza y se les ve como una amenaza. La imagen del inmigrante subsahariano asustado, con frío y ensangrentado cada vez más es sustituida por la del que no tiene miedo, entra de manera violenta y con una dignidad que se retrata como arrogancia. No parece que haya cambiado la motivación de los inmigrantes, ni si quiera su actitud, aunque claro está, según los momentos coyunturales y las procedencias los dramas personales tendrán diferentes matices. Lo que sí parece haber cambiado es el prisma con el que lo ven los dirigentes, y la manera en la que se refleja este drama en los medios de comunicación.
No hace falta ser un lumbreras para saber que esta gente no tiene ningún interés en agredir a nuestra Guardia Civil, ni si quiera en vulnerar nuestras leyes migratorias. Lo único que quieren es buscar un futuro, punto. Su enemigo no es el militar que trata de cazarle como si se abriera la veda porque es su trabajo. Su enemigo es el hambre, la miseria, la pobreza, la persecución que algunos sufren en sus países de origen, la guerra. ¿Ellos son violentos? ¡Por favor! La violencia sistémica se ejerce contra ellos, y ellos resisten. Están acorralados, tienen un color de piel distinto siendo fácilmente perseguidos, y están entre dos países que les repelen, parece ser que a menudo de una manera poco convencional, ya que es posible que no se estén respetando los principios fundamentales de derechos humanos, constantemente llegan a algunas asociaciones o se publican en medios de comunicación peninsulares o extranjeros casos de vulneración de los derechos de estas personas, que son agredidas y deportadas de forma sumaria, sin tramitar proceso de expulsión alguno. Cuando el Gobierno de Marruecos expulsa a los inmigrantes por la zona desértica que limita con Argelia, no se hace más que acrecentar el dolor y la situación de desamparo de estos inmigrantes, y perpetuar la situación de inestabilidad en la valla, ya que una vez en la frontera de Argelia, como es lógico volverán a intentar alcanzar su destino a través de la puerta de Europa. Da igual quién cometa esas atrocidades, España o Marruecos, desde el momento en que deciden colaborar en esto, y estar juntos en esto, ambos son los responsables, ya no vale tirarle la patata caliente al vecino.
En condiciones normales distinguiría entre la acción de un país y otro en materia migratoria, pero da la sensación que los del lado marroquí hacen el trabajo sucio a los del lado español, podría incluso pensarse que premian a los primeros con algunas concesiones, puede que sea muy retorcido, pero sorprende que cuando se llegan a acuerdos en materia de inmigración, se alcancen otros acuerdos como la noticia que podía leerse en el periódico local El Faro de Melilla “Agentes policiales marroquíes se formarán en la escuela de Ávila”, por ejemplo, ¿coincidencia?.
Actualmente se da una visión sesgada del asunto, el Delegado del Gobierno en Melilla trata de distraer la atención de un problema nítido, y lo hace, según parece, mezclando dos cosas que son muy distintas aunque están íntimamente relacionadas. Estoy hablando de los inmigrantes que tratan de entrar en Europa, y las mafias que trafican con estas personas. Tras la entrada de inmigrantes en la Isla de Tierra frente a las costas de Alhucemas el Delegado del Gobierno en Melilla comunicó que “hay que replantear la consideración que se otorga a quienes llegan violentando las fronteras utilizando la fuerza o presentándose a situaciones de chantaje humanitario que favorecen el negocio de las mafias que trafican con seres humanos”. Las mafias hay que perseguirlas, debe caer sobre ellos todo el peso de la ley. Las personas que utilizan los servicios de las mafias, o que caen en redes mafiosas bajo engaños o por la fuerza, son víctimas. No podemos equiparar el drama de unos con la deshonra y desfachatez de los otros. Ni tampoco se puede utilizar la vulnerabilidad de los migrantes para tratar de debilitar el comercio de los criminales. A los criminales se les debe perseguir, a las víctimas se les debiera tender la mano. Es absolutamente inadmisible, moralmente, éticamente, religiosamente, legalmente, desde cualquier prisma que se intente analizar, resulta una barbarie propia del medievo dejar a un grupo de inmigrantes, ante la desesperación del hambre, el miedo, y de meses o años de travesía, abandonados a su suerte en un islote que según parece es “a todos los efectos” español. Ciertamente estos islotes no pertenecen a ninguna Comunidad Autónoma, entonces… ¿de qué depende, del Ministerio de Defensa?, ¿no hay en España unas leyes claras en materia de inmigración, y un procedimiento reglado?, ¿a qué estamos jugando, a la “excepcionalidad legal”, a Guantanamo (salvando las distancias, refiriéndome a un territorio donde las leyes no se aplican de manera ordinaria)? Maquiavélico, medieval. Hay un límite. Las mafias ponen en peligro la vida de los seres humanos y es deplorable, pero son organizaciones criminales; sin embargo el gobierno de un país como el nuestro no debiera comportarse del mismo modo, utilizando a los inmigrantes para sus propios fines, ¿chantajean los inmigrantes al gobierno de España? O ¿chantajea el gobierno de España a las mafias utilizando a los inmigrantes?. ¿Para darle una lección a las mafias abandonamos en territorio español a esos seres humanos?

La valla debería blindarse desde fuera, pero se blinda también desde dentro para que no se sepa qué es lo que allí sucede en los momentos de saltos. Saltar la valla por cierto, es el recurso de los más pobres, ya que como rezaba el titular de un artículo de El País “saltar la valla es gratis y no tengo dinero para entrar en patera”. Pero cuando no nos sirve el discurso de las mafias, utilizamos otra manera de criminalizar a esas personas: diciendo que son violentos.
Miguel Zamorano Galán

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